Las Ramblas y yo
2006. Un día cualquiera de invierno. Las Ramblas. Cariátides disfrazadas, estatuas vestidas con frutas tropicales, ángeles de purpurina o exterminadores, bebés, cheguevaras, charlots o agitadores ecologistas arrebozados con botellas de agua mineral. La vocación por el cosmopolitismo. Entre caléndulas y periquitos, cobayas y peces rojos. Todo pisando el mosaico de Miró, cerca de la fuente de Wallace. Sus cariátides de bronce levantan sin esfuerzo el remate de la fuente, liviano, el peso de la nada. La realidad se resiste a ser inventariada. Aparece allá, en la sonrisa de un niño, ajeno a lo que no sea fantasía, con el legítimo deseo de plantarse también en esta tierra de todos y de nadie.
Margarida Nadal




