Las flores de mi jardín (en macetas) tienen un tiempo de caducidad que hay vigilar. Algunas llegan su plenitud, otras se marchitan antes de llegar a su tamaño predeterminado.
Es como nuestro reloj biológico, cuándo alcanza su fecha límite comienza a desmontar cada célula, cada rincón de vida....
Es así y a veces ni la ciencia puede alargar el ciclo.