Al despertarme comencé a reconstruir el sueño que ocupaba mi mente. Sueño en color o al menos lo proceso así.
Estaba en una sala sin decoración. Paredes blancas teñidas de ámbar por la luz cálida de pequeñasbombillas desnudas colgadas encima de la mesa. La mesa era larga, muy larga, llena de gente que no conocía. Estaba sentado en uno de los extremos. Éramos más de 30. En la mesa no había vino, solo botellas de agua vichy. Y en los platos todos teníamos lo mismo. Tagliatelle. Lo que se conoce como tallarines. No hay que confundirlos con los papardelle que son el doble o triple de anchos y me gustan más. El volumen de la banda sonora era bajo a pesar de que algunos exaltados podían estar casi gritando. Había el mismo número de mujeres que de hombres. Vestidos de forma normal, de cada día. No era una cena ¿Cena o comida? de gala. Más bien era una especie de comedor de fábrica. Tampoco era una tratoría. Me sentía cómodo. Contento y hablaba con los dos o tres cercanos que podía. El despertador corto la cadena de recuerdos y no sé si repetí los tagliatelle, mmmmm… la salsa era magnífica….

(como en este post no pongo fotos te invito a dar un paseo por Flickr): www.flickr.com/raulimagina